José Ruiz tiene guantes y el mameluco manchado con pintura. Está rodeado, sin salida, alguien construyó una muralla con cajas repletas de libros en torno a él mientras serruchaba un exhibidor para la 36.ª edición de la Feria del Libro, que comienza a moldearse en La Rural.
Como él otros cientos de personas llevan, empujan y traen grandes cajas para apilarlas sobre los pasillos formando un mar de cartón donde navegan los stands, con más de sus 1300 expositores distribuidos en los clásicos pabellones Amarillo, Azul, Verde y el Hall Central.
De un minuto a otro, las estructuras de los puestos se alzan como velas y cubren la visibilidad, formando un horizonte arquitectónico desparejo, entre mezquitas, montañas y castillos. A tres días de la inauguración, cada metro comienza a tomar vida.
Las cajas desaparecen, de manera lenta y continua, y los colores de los libros comienzan a desplegarse en las estanterías.
El aroma a aserrín se mezcla con la pintura fresca, todo funciona como una máquina aceitada que espera el momento de acallar el sonido de las sierras, martillos y taladros eléctricos, para cambiarlos por el de los pasos de los visitantes, de un lado a otro, buscando “ese” libro que no pueden conseguir en otro lugar.
Susana Fernández acomoda una nueva colección en uno de los estantes de Cúspide. Retrocede unos pasos, los mira en perspectiva y larga un suspiro.
“Nosotros creemos que vamos a superar lo que hicimos el año pasado. Hace 23 ediciones que participamos y vemos que no importa la realidad del país, porque la Feria es un fenómeno que trasciende todo”, comenta Susana.
La diversidad de la Feria abre la posibilidad a cada lector de encontrar su rincón favorito. Hay 37.000 m² para recorrer con espacio tanto para las obras clásicas como para los géneros más innovadores.
Sandra Paredes de Kel Ediciones agrega: “Nos especializamos en textos en inglés, pero cada año vamos creciendo un poco y hasta sumamos nuestras primeras publicaciones propias en español. Eso es lo que te da la Feria”.
María Caside le pasa un trapo a sus libros de manera artesanal. Es su primera vez, con su Librería de Mujeres Editoras en el stand 629, y está nerviosa: “Hace 30 años que peregrino por estas calles. Éste es el lugar para tener más difusión”.
Los niños saben que no deben esperar a la Feria del Libro Infantil y Juvenil para poder acercarse a sus autores favoritos. La propuesta para lo más chiquitos puede convertirse en toda una aventura.
“La feria es una fiesta, en todo sentido. Los chicos juegan con los libros y eso a los padres les gusta mucho”, dice Daniel Czyrka, de Sigmar Libros, que asiste desde la primera edición en 1975.
La cuenta regresiva para la inauguración oficial del jueves avanza, cada libro toma su lugar, esperando a su lector. Las vitrinas comienzan a brillar, al igual que la sonrisa de los visitantes.
6 comentarios
Qué hermoso relato para esta presentación. Es, en sí mismo, un prólogo. Felicitaciones al autor, o la autora… y qué pena no saber quién es.
Muchas gracias,
Virginia Merchán
Todos loa años, desde que se creó, concurro a la Feria del Libro.Me maravillo con lo que allí escuentro, aunque a veces puedo comprar poco.Para mi es un mundo encantado y la más importante exposición que disfruto en mi ciudad.Gracias por todas las alegrias que la Feria me ha brindado
me encanta leer libros hacerca de losniños
Felicitaciones al autor!!!. Quién es?.
Hace palpitar con emoción la antesala
de algo maravilloso que por fin mañana
voy a conocer. Tengo un poema perdido
en una página de un libro que se presenta
a las 14.30 en la sala victoria ocampo.
El título es HUELLAS DEL ALMA. Y me siento muy fekiz. Felicitaciones y gracias.
se imprimen libros descatalogados o agotados como el año pasado?
se pueden conseguir libros de futbol?
La firma del autor de este exclene artículo/presentación está embebida en el texto, ls palabras hablan por quien las escribe.
Fascinante descripción del febril trabajo de armado y las expectativas, dan ganas de ir a la Feria y confirmar que lo lograron….si,si, ya está en marcha.