La Literatura se mezcla en la Cocina

Miroslav Scheuba, Silvia Plager, Fernando Vidal Buzzi, Benigno Campos y Carlos Di Cesare

Miroslav Scheuba, Silvia Plager, Fernando Vidal Buzzi, Benigno Campos y Carlos Di Cesare

Si las palabras justas aderezan la más simple historia, por qué no pensar que esta facultad plena del vocablo bien usado es la misma con la que juega un ingrediente inesperado en la cocina. Y si ambos son una invitación a dejarse llevar por los sentidos, el paralelismo sugiere entonces mucho más que una mera coincidencia.

Esta premisa dominó la charla “La literatura en la cocina y la cocina en la literatura”. Con una mesa condimentada con zanahorias, tomates, paltas y pimenteros, la charla que coordinaría Fernando Vidal Buzzi se palpitaba con la agitación que celebra lo prometedor.

Miroslav Scheuba y Silvia Plager

Miroslav Scheuba y Silvia Plager

La escritora Silvia Plager, el cocinero gallego Benigno Campos, el chef y poeta Miroslav Scheuba y el empresario gastronómico Carlos Di Cesare integraron el panel que, como bien apuntó Vidal Buzzi, se pensó tan heterogéneo como la comida misma.

“Yo soy buena para el arte culinario, según me dice la parentela”, se atajó Plager, creadora de Como papas para verenikes, una sátira del texto de la mexicana Laura Esquivel Como agua para el chocolate. En su novela erótica que tiene como eje la cocina judía, los protagonistas no se matan, gozan. Así, la inclusión de un “kamasutra para golosos” conecta con un valor arraigado en la narradora: “En el amor no hay que tener medida, sino ojo”. Con sus elocuentes ocurrencias deleitó al público a través de la lectura de su “Prólogo para sibaritas experimentados”, una invitación a abandonar la conducta vegetariana y abstemia y a “encender la hornalla a todo lo que da” porque, señala la autora, “la imaginación es la llave del éxito en el sexo”.

 

Benigno Campos

Benigno Campos

El siguiente orador fue Benigno Campos, un chef aficionado que hoy jura que no podría vivir sin la cocina y se convirtió en toda una revolución mediática en su Galicia natal. “Trabajé 39 años en una empresa de construcción y la gastronomía era un vicio que apenas podía despuntar”, recuerda el ahora hacedor de un programa de televisión que suena al ritmo de la comida, entre cantos y chistes.

“Veo la vida eróticamente e irónicamente”, disparó Mirosav Scheuba, artífice de Poemas y manjares. Y al rato quedo claro a qué se refería. Con sus inventos le dio sabor a la tarde para el éxtasis popular que pasaba de la risa a la consternación de la mano de un chile o una cebolla.

Y la frutilla del logrado postre, fuerte y cautivante, fue Carlos Di Cesare, dueño del primer restaurante que se jugó la carta de la gastronomía afrodisíaca en Buenos Aires, “TeMataréRamírez”. Allí, los platos representan imágenes eróticas, aun lascivas, explícitas y perversas. “Fue una apuesta que surgió durante la primavera de 1996 y pegó tanto que la fuimos acrecentando cada vez más”, expone este amante del arte sexual y sugestivo.

La comida está presente en cada ritual, en las fiestas y en los velorios. La comida seduce como las letras de esa poesía, de aquél cuento o de la otra novela. Por eso, al ritmo de olores y gustos, la virulencia brota de un libro o de una sartén, conjugada siempre en la misión última de ambas: contar una historia.

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