La tradición de la literatura argentina

Ricardo Piglia - Feria del Libro de Buenos Aires

Ricardo Piglia

En la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro, el escritor Ricardo Piglia comenzó destacando el papel de las traducciones “como un modo de democratizar el acceso a la literatura”.

Piglia comentó que durante las décadas del ’40 y ’50 las traducciones nacionales –entre ellas las de Borges- crearon “un castellano indeciso, que no tenían ningún rasgo local y que durante mucho tiempo fueron el paradigma de escribir bien. Hoy, debemos sufrir las españolas llenas de localismos”.

Además, con respecto al Bicentenario, sostuvo que “todas las revoluciones las han hecho los hijos del libro”.

“No soy futurólogo, pero quizá el anunciado declive del libro puede estar ligado al declive de ciertas ideas sociales. Las revoluciones siempre fracasaron. El resultado de la Francesa fue Napoleón, de la de Mayo, Rosas y de la Rusa, Stalin. Esto no quiere decir que uno no valore el ejemplo revolucionario y tampoco nos debe hacer perder la esperanza de que se puede cambiar la realidad,” comentó.

El autor de Plata quemada leyó la “Proclama de San Martín al Ejército de los Andes” resaltando la importancia del uso del lenguaje popular y sostuvo que este tipo de escritura tuvo su punto máximo en la gauchesca.

“Se escribe por y para los lectores como también para los analfabetos. El estilo es el hombre al que está dirigido. El tono oral del Martín Fierro es el mejor ejemplo.”

Por otro lado, comentó que tanto el libro de José Hernández como Operación Masacre de Rodolfo Walsh han tenido significados diferentes a lo largo de la historia y que eso es lo que él comprende como “tradición literaria”.

“El Martín Fierro fue tomado como bandera de los anarquistas, por su oposición al ejército. Luego, de la mano de Leopoldo Lugones, tuvo un rol contra las corrientes inmigratorias basado en la protección de las costumbres argentinas. Durante el peronismo, Borges resaltó ‘cómo puede ser que se lo exalte como a un héroe nacional cuando era un desertor del ejército’”.

Y agregó: “Si bien Walsh escribió Operación Masacre sin intenciones políticas y para revelar que la Revolución Libertadora (1955-1958) había desobedecido un carácter jurídico, en el ‘69 fue la prueba necesaria de porqué había que fusilar a (Pedro) Aramburu y ya en el ‘73 fue un texto montonero. Hoy es la primera denuncia de la represión ilegal del Estado”.

“Estos libros produjeron un efecto que va más allá de la lectura que se hizo en los diferentes momentos. Exceden la conciencia y la idea original del autor cuando los realizó”.

Finalmente, planteó que el espacio de la literatura fue reemplazado por los medios de comunicación masivos.

“¿La literatura ha perdido el lugar social o su lugar como discurso estatal? Para el Centenario Lugones escribe su Oda de los ganados y las mieses, donde el gran poeta le canta a la patria. Para el 150 aniversario de la Revolución de Mayo, Borges compone Oda a 1960, donde habla de la patria como si fuera de él. La literatura tenía una función en el discurso estatal, cumplía un rol importantísimo en la construcción de los ciudadanos”.

“En la actualidad eso cambió. (Roberto) Arlt fue la figura que permitió escapar de ese lugar oficial y trabajar con los bordes. Nosotros, los escritores de mi generación, (Juan José) Saer, (Miguel) Briante y (Jorge) Di Paola empezamos a correr la literatura de ese espacio. Sería horrible que hoy se eligiera un escritor y se le pidiera que escribiese un gran libro sobre los 200 años”.

“Ese lugar es ocupado por lo medios, los que construyen la conciencia ciudadana son ellos y ya no la literatura”.

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