Vila-Matas, el gran fabulador

Enrique Vila-Matas - Feria del Libro de Buenos Aires

El escritor español Enrique Vila-Matas atraviesa un renacimiento literario, su vida se vuelve ficción y viceversa, hasta tal punto que sus historias terminan apoderándose de él.

En la sala Victoria Ocampo de la Feria del Libro, Vila-Matas presentó su último libro Dublinesca, en el que Samuel Riba, un editor que se pasa los días navegando por Internet sin un norte, realiza un viaje a Dublín luego de un sueño (anticipatorio) para participar del Bloomsday, un evento anual que se celebra los 16 de junio en honor a Leopoldo Bloom, el personaje principal del Ulises de James Joyce.

“El motor de la novela es alguien que busca saber quién es. Traté de convertirla en una epopeya cotidiana de su vida gris, de contar como siguiendo a George Perec: ‘lo que pasa cuando no pasa nada’”.

“Riba se considera el último editor, por lo que organiza el funeral de la era de la imprenta. Él la vive como una tragedia sin honor. Una parodia de todos los fines del mundo. Todas las generaciones han creído que era el final de una época, desde la Biblia hasta la Eneida.”

“Es en sí una parodia, una gran paradoja porque una persona que no tiene qué hacer con su vida encuentra su futuro en el fin del mundo. Piensa que si llega la muerte mejor que los encuentre en plena fiesta. No hay tragedia sin humor.

Por otro lado, Vila-Matas confesó que una experiencia cercana a la muerte trastocó la percepción tanto de su vida como de su obra, a tal punto que todo lo que escribió antes de 2006 lo considera “heredado de otro”. 

“De la ficción misma construyo lo real. Me dijeron que tenía 24 horas de vida en Barcelona. Estaba tan bajo de tono que no me puse nervioso porque no comprendía lo que pasaba. Cuando salí del hospital tuve un sueño muy intenso que sucedía en Dublín, como el de Riba en el libro. Me relacionaba con una vida más penetrante y más fuerte, algo que yo no conocía”.

“Fue un renacimiento. Cambié de vida, barrio y casa; cambié todo, menos de mujer y familia. Además, estos cuatro años, fueron como un volver a nacer como escritor. A partir de allí me siento un administrador de la obra anterior,  como si hubiera heredado todos esos libros que ya son de otro, no me pertenecen”.

Enrique Vila-Matas - Feria del Libro de Buenos Aires

Enrique Vila-Matas

El autor de La asesina ilustrada sostuvo que entre los personajes del libro aparece el escritor estadounidense Paul Auster, a quien –comentó- le gustaría comprarle su casa de Nueva York, ser dueño de “la casa de los Auster”, abriendo un guiño hacia Poe.

“Considero a Nueva York como la síntesis de la humanidad. Cuando llegas allí eres de allí y no puedes no ser feliz en esa ciudad. Es el lugar ideal para vivir, pero también el lugar donde no viviría nunca”.

“Una vez me invitaron a una cena en la casa de los Auster. Miraba todo y era inmensamente feliz, pero no podía reprimir los bostezos. El cuerpo iba por un lado y el alma por otro. Por suerte no se dieron cuenta y si me preguntaban tenía preparada una teoría sobre como el cerebro se agranda cada vez que bostezamos. Si el centro del mundo es Nueva York, el centro de la ciudad es para mí la casa de los Auster. Tengo un absurdo entusiasmo por esa casa”.

Este escritor de escritores contó como muchas de sus citas son invenciones y muchos de sus “recuerdos inventados”, y hasta se animó a armar un anecdotario de su infancia junto a su colega italiano Antonio Tabucchi.

“Muchas de mis citas a escritores jamás fueron dichas por ellos. Uso frases de Kakfa, Borges o Shakespeare que no pronunciaron o modifico alguna. Lo cómico es que después he visto esas frases en artículos periodísticos, películas y hasta novelas, y siento una profunda vergüenza. Pero si digo que son de Vila-Matas nadie las usaría, en cambio como son de grandes escritores todos quedan contentos”.

Y agregó: “Con Tabucchi nos pusimos de acuerdo para decir que nos conocíamos desde hacía 40 años y que habíamos pasado muchos veranos de nuestra niñez en las islas Azores. Yo me subía en puntas de pie al muro que separaba nuestras casas y le decía: ‘Antonio, ¿me escuchas Antonio? Los adultos son estúpidos.’ La historia salió publicada en varios medios y hasta en la tapa de El País. Después escribí un cuento llamado “Los Tabucchi” y él dejó de hablarme por dos años. Es que me lo tomé muy enserio”.

Finalmente, describió como en Lyon decidió formar parte de un sinsentido  porque “era muy literario, fue vivir ‘la historia’ que quería leer”.

“Llegué al hotel y nadie me recibió. Estuve en mi habitación, di unas vueltas por la ciudad y cuando regresé no había ni un mensaje. Era muy absurdo que te invitasen a dar una charla y que nadie apareciese. Como tenía tiempo libre me puse a escribir una teoría sobre la novela del futuro. Cuando estaba por regresar a Barcelona bajé al lobby y estaba toda la comitiva de la conferencia. Me las ingenié para escabullirme y formar parte de ese absurdo. La teoría también aparece en la novela”.

En el catalán, la literatura preexiste a la vida y su discurso se construye con ensambles de citas (ciertas o apócrifas) de grandes escritores. Para cerrar dio un consejo para los aspirantes a escritores: “Se lo dijo Raymond Queneau a Marguerite Duras y ella me dio a mí: ” Escriba y no haga nada más”. Aunque, por supuesto, esto también puede ser otra gran fabulación; bienvenidos al fantástico mundo de Vila-Matas.

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