Tires y aflojes en la cocina del poder político

Nelson Castro - Feria del Libro de Buenos Aires

Nelson Castro

La historia argentina ha sabido de enfrentamientos personales que influyeron -e influyen- en la realidad política y económica del país. “Tenía al menos 30 casos desde Moreno y Saavedra, todos con un peso institucional e histórico muy fuertes”, aseguró Nelson Castro, que recopiló gran parte de esos enfrentamientos en Rivales, presentado por el periodista junto con sus colegas Joaquín Morales Solá y Magdalena Ruiz Guiñazú en el marco de la 37.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.  

El conductor de El juego limpio mencionó algunas de los conflictos que recuperó: “Primero el de Alberdi y Sarmiento, los dos intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XIX. Y más acá en el tiempo tomé a Perón porque fue una bisagra. Todos los casos posteriores tienen que ver con el peronismo: Perón – Balbín, que empezaron siendo enemigos y después terminaron respetándose, y Perón – Lonardi, representando la influencia del peronismo en las Fuerzas Armadas. Aquí pasó al revés que con Balbín: empezaron siendo amigos y terminaron enemistados”, explicó.  

Ya en la década del ‘60, Castro eligió a “Perón – Vandor, como representación de la construcción del peronismo sin Perón, y a Balbín – Frondizi”. “Ellos quebraron el partido y debilitaron la institucionalidad del poder. Creo que los radicales podían haber gobernado durante los ‘60 si seguían unidos. Los golpes del ‘62 y del ‘66 se deben a ese quiebre. Además se hubiera favorecido al regreso del peronismo”, sentenció. El último caso goza de una enorme vigencia: Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. “Es una relación muy difícil de explicar porque nunca fueron amigos; al contrario, fueron muy críticos”, complementó Morales Solá, prologuista de Rivales.  

“No fue fácil investigar ese tema porque son pocas las fuentes que hablan. Era una relación que venía de la campaña presidencial de Duhalde para las elecciones de 1999, en la que Alberto Fernández y Kirchner apuestan muy fuerte. Cuando asume en 2001 le ofrece un cargo al santacruceño, que ya tenía aspiraciones presidencialistas. Eso le valió muchas y muy fuertes discusiones con Cristina. Para 2002, el grupo que trabajaba con Kirchner empieza a tratar de ubicarse y recibe el golpe de gracia con el apoyo de Duhalde cuando se baja Reutemann”, resumió Castro.  

Pero para entender la totalidad del panorama, según el autor, es fundamental dimensionar el rol de las esposas, Chiche Duhalde y Cristina Fernández: “El enojo se desencadena cuando la primera quiere ser candidata a primera senadora por Buenos Aires en 2005. Pero Alberto Fernández dice que no, que ese puesto es para Cristina. Ahí se generó la división definitiva. No se puede entender esa rivalidad sin entender el enfrentamiento entre las dos mujeres”.

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